Bauhaus


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    https://youtu.be/OKRJfIPiJGY

    Sinfonía de sombras

    Se decía que eran un grupo gótico. EL grupo gótico, incluso. Siniestros. After-punks. Darkies. Y era verdad, claro, pero no toda la verdad. Bauhaus se desbordaban a sí mismos: también eran glam turbio (versiones de Bowie y T. Rex como acuse de recibo), funk oblicuo (Kick in the Eye, In Fear of Fear), new wave torcida (She’s in Parties), pop litúrgico (Spirit), vanguardia impura (no olvidemos que su primer single, Bela Lugosi’s Dead, eran nueve minutos de parásitos eléctricos y seductora extrañeza) y art-rock desde su propio nombre. En realidad, todo era más complicado y a la vez más sencillo de catalogar: Bauhaus eran un grupo expresionista. Trabajaban el claroscuro. La manipulación artística de la luz y de la sombra. En una época, los primeros ochenta, en la que abundaban los mercachifles de lo gótico, ellos vendían leña, no humo. Si acaso, humo y espejos. El gran espectáculo de la oscuridad. La sinfonía del horror. Eran los años en los que nos aprendíamos el nombre y la singularidad de cada miembro de un grupo: Peter Murphy (el vampiro), Daniel Ash (el duende), David J (el frío) y Kevin Haskins (el tipo que sus vecinos asegurarían que siempre saludaba). Nos lo sabíamos como se conocen las leyendas. Porque nunca hay que olvidarse de ellas por si la Historia se repite. Y ese es precisamente el caso: Bauhaus vuelven a la vida y su ceremonia de resurrección tendrá lugar en el Parc del Fòrum. Lo decían ellos mismos y había que creerles: undead, undead, undead.

    1979-1983 (Beggars Banquet, 1985)