Beck


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    https://youtu.be/6AF_CJhpTzQ

    Soy un perdedor

    Si no habéis escuchado Loser últimamente, volved a la bomba H con la que Beck levantó la mano casualmente para saludar al mundo en 1994: guitarra acústica de acento sureño, caja de ritmos, melodía de sitar, una pizca de scratching y rap en inglés con el estribillo “Soy un perdedor” en un castellano ininteligible. Podía decir misa, pero Beck había venido a ganar: se vería, un par de años después, con Odelay, crossover de pop, rap y country, bien de samples, de pastiches y de sentido del humor; tenía el peinado del diablo, dos tocadiscos y un micrófono y, en definitiva, lo tenía todo. Exploraría el tropicalismo brasileño en Mutations, el funk y el R&B sensuales en Midnite Vultures, y fue sacando discos cada dos años hasta que se plantó, pero solo un poco. Regresó en 2014 con Morning Phase, se llevó el Grammy al mejor disco de música alternativa (¿a qué?) con Colors y en 2019 se ha juntado con Pharrell para saltar al Hyperspace de su nuevo álbum, donde mira de reojo a los ochenta y a Japón desde el Toyota Celica de la portada.

    Hyperspace (Capitol, 2019)