Novedades del 2006 (Críticas de discos)
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SCOTT WALKER ("The Drift", 2006)
Probablemente el cinéfilo Scott Walker es un incondicional de Andrei Tarkovski. "The Drift" recuerda a un millón de cosas y, en otros aspectos, no recuerda absolutamente a nada que hayas escuchado o visto antes. Pero, al menos para mi, imposible no evocar el poder de las imágenes de "Sacrificio", y aún más de "Stalker", como aproximación al mundo de revelaciones oscuras que nos propone.
La corriente poderosa de "The Drift" parece que viniera de afluentes que hayan recogido vertidos de Chernobil, detritus de la cultura occidental (Pato Donald incluido), carnicerías balcánicas, y la imposibilidad de recuperar la inocencia, o el sol del amanecer, después de tomar uno conciencia de cuáles son los rincones de la condición humana donde reside la voluntad de erigir nuevos Auschwitz.
"The Drift" es una colección de angustiosos lieder contemporáneos conectados más claramente con la vanguardia "culta" que con el pop. En ese sentido supongo que es algo tan insólito como una propuesta "Radio 2" desviada, por los antecedentes de su autor, hacia los oídos "Radio 3". A lo mejor "The Drift" hubiera debido estrenarse en un reputado teatro lírico, con escenógrafo de postín y partitura vocal asumida por algún distinguido heredero de Fischer-Dieskau. ¿Habrían recibido los, a menudo, arrogantes críticos "cultos" el trabajo de Walker con rechifla o acusaciones de intrusismo? Es más que probable. Así que, el peso de analizar y valorar "The Drift" ha sido depositado, en teoría, sobre hombros incapaces de soportarlo: prensa especializada que, por regla general, acusa un deficit cultural escandaloso en el terreno de la música no estrictamente "popular" y aficionados que hemos escogido voluntariamente tener los oídos acostumbrados a cosas muy distantes del mundo que ahora habita Scott Walker.
Los riesgos son claros: sobrevalorar algo que, por inocencia o autosugestión, consideras sólo apto para el disfrute de un estadio de sensibilidad más despierta de la que cabe esperar en un aficionado pop. Y, claramente, la falta de herramientas teóricas para acometer el análisis y disfrute de un producto tan hermético. "The Drift" se presta, como no podía ser de otra manera, a que uno diga o escriba las tonterías más sonrojantes que, sobre música, hayan concebido nuestras cabecitas. También riesgos como que el deslumbramiento te haga sentir en un nuevo nivel de conciencia musical por el que sientas rechazo hacia las propuestas "banales" (con las que siempre habías vibrado) y a que te dé vergüenza adorar canciones cuya densidad conceptual se limite pongamos que a un "She loves you, yeah yeah yeah". Empanada mental a la vista si no te tomas las cosas con un poco de humor distanciado.
Walker ha querido, depurando de cualquier forma de emotividad convencional su hermoso registro crooner de siempre, subrayar la importancia de unos textos muy sugerentes, pero, en cuanto a elocuencia, menos significativos que las elecciones instrumentales. Marcadas siempre por un tenebrismo sin concesiones que (prueba de la inspiración y la honestidad de Walker) no aburre, no provoca rechazo y es tan fluido y tan rico como para conjugar cualquier temor a la monotonía. Un "artyfacto" de nobleza innegable. Que sea o no plato de tu gusto, ya es otro cantar.
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MOJAVE 3 ("Puzzles Like You")
El mismo año en que Belle and Sebastian dejan en fuera de juego, sacudiéndose la murria, a los que se relamían con la idea de clavar las uñas sobre su continuismo otoñal, Mojave 3 (otros distinguidos orfebres de lo melancólico) también se descuelgan con su propia apuesta extrovertida. Menos cínica (o menos desconcertante) que la de los de Glasgow, pero no menos significativa.
Neil Halstead y Rachel Goswell golpean desde el primer segundo con la voluntad de dinamismo de "Truck Driving Man": toda una road movie soleada con la que ponen las cartas boca arriba. Y lo que resulta es un álbum de pop, más precioso que preciosista, en el que tienen la habilidad suficiente para dar un giro de vitalidad que, por precaución o porque les sigue brotando con perfecta naturalidad, esconde cucharadas de la medicina intimista que no dejan de necesitar los incondicionales: se agradecen una enormidad "Most Days" o "You Said it Before", que juegan con ventaja en el terreno en el que Mojave 3 son imbatibles.
Si las primeras escuchas te pueden dejar esa sensación algo desasosegante, de banda que toma conciencia de su realidad "adulta", que se sabe amortizada y que afronta su final de trayecto con oficio y con cierta desgana, no estás en lo cierto: vuelve a empezar. Porque, independientemente de lo que puedas sospechar o temer, en lo que respecta a la continuidad del proyecto, las canciones no huelen a decadencia. Aunque no quieran recrearse ya, con la precisión de "Ask Me Tomorrow", en su química perfecta entre el ánimo shoegazer, tan british, y las ensoñaciones americanoides, ni han tirado a la basura la pedal steel guitar ni dejan de introducir en sus textos reflexiones, de las que hacen pupa, sobre las pequeñas miserias de una relación de pareja. Con "Puzzles Like You" seguirán incrementando su leyenda entre quienes pensamos que la más gloriosa conquista que puede esperar a una banda de pop es añadir, una por una, más canciones de etiqueta negra a un repertorio ya generoso en ellas. La novedad es que Mojave 3 enseña en este disco una sonrisa abierta y, como no tiene en absoluto trazas de mueca forzada, también enamora.
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Me compre el Another Fine Day de Golden Smog y me decepciono un pelin. Igual con todo el follon de las expectativas y eso pues se infravalora, pero… Ya vere, le dare mas escuchas.
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@UpStairs:16sr8nxz:
Me compre el Another Fine Day de Golden Smog y me decepciono un pelin. Igual con todo el follon de las expectativas y eso pues se infravalora, pero… Ya vere, le dare mas escuchas.
A mi tampoco me ha convencido demasiado este disco. No me parece malo pero me esperaba algo más, lo encontré un poco soso.
Aunque seguramente tienes razón en lo de que las expectativas a veces son malas compañeras de escucha.
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@Maurici:2zbeeim6:
Me acaba de llegar Mono & World0s End Girlfrend - Palmelss Prayer/Mass Muder Refrain.
Edita Temprary Residence Ltd. y como ya va siendo habitual la experimentación y la experiencia está servida.
Me lo compre cuando vinó Mono en el sidecar en diciembre 2005… un buen disco muy oscuro pero lo veo un poco repetitivo.
Me gusta mucha las composiciones de WEG, todas estas capas de guitaras, chelos y sonidos variados pero no se si Mono aporta mucho en este disco.WORL ENDS GIRLFRIEND: THE LIE LAY LAND
Tengo "The lie lay land" el último disco en solo de WEG y este disco es una autentica joya!
Es un disco muy oscuro con muchas influencias y el trabajo que hizó WEG es impresionante tan los temas llevan sonidos escondidos y infinitas capas de guitaras, batería y varios instrumentos. No se puede dividir un tema de los otros… este disco es un cojunto, es un viaje caotico en un mundo devastado.
El segundo tema "we are the massacre" es el mejor tema escrito por WEG. Esta canción lleva una carga emocional tremenda. Si veís el video que acompaña este tema, entenderaís mejor lo que nos quiere decir WEG en esta canción... el horror humano!
El universo de WEG se construye siempre poco a poco y sus canciones se transforman al largo de los minutos para llevarnos en paisajes siempre oscuros y tristes pero llenos de esperanza.
Os aconsejo este magnifico disco que no hay que escuchar en días de depresión... -
HIZÉ UN DOBLE….

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SONIC YOUTH ("Rather Ripped", 2006)
¿Será la salida de Jim O'Rourke el factor decisivo en esta operación "aclarado" de Sonic Youth? "Rather Ripped" da, por momentos (muchos) la sensación de aula de instituto abandonada momentáneamente por el profesor. Momento perfecto para ajustar cuentas, hacer el ganso, putear a los freaks habituales y ejercer, con el nerviosismo propio de la edad y del inmenente regreso al orden establecido, una sanísima libertad. Otro disco que siempre me hace pensar cosas parecidas es el "Stranded", primero de Roxy Music, sin Eno.
Pero, al fin y al cabo, O'Rourke no era más que un transeúnte en S.Y. Una referencia de segundo orden en la jerarquía de los mitómanos de la banda. Igual este mismo álbum hubiera sido muy parecido con O'Rourke dentro…
El caso es que a los neoyorquinos les sienta de maravilla volver al músculo y abandonar un tanto la especulación. No es, como alguien ha escrito con manifiesta exageración, un album de pop. Es correoso rocanrol de guitarras. Canciones mucho más breves de lo habitual, con planteamiento, nudo y desenlace (algunas hasta con estribillo adhesivo). Pero no es en ninguna forma la sucesión amorfa de temas inconexos que suele caracterizar a los discos "contractuales" o post mortem. Antes al contrario, hay una sensación de continuidad y de lógica interna que eleva considerablemente la estima inicial que pueda merecer el disco. Como si estas doce canciones no fuesen en el fondo más que una. Sólo en la pista epílogo reaparezcan las (para algunos) temibles "texturas" y los (para otros) imprescindibles "paisajes". El resto es una fiesta, aproximadamente garajera, de guitarras rampantes y casi cristalinas, de crepitantes líneas de bajo en claroscuro, de porrazos vitaminados a la batería y de una vocalización ni angustiosa ni angustiada. Todo propio de quien se quita, con alivio, un enorme peso de encima. Sonic Youth ya no tendrán que ser nunca más los campeones de la capacidad para "influir", los encargados de poner a otras bandas a marcar el paso.
Talluditos y extrañamente sonrientes, sí, pero desparramando sólo en "Incinerate" más energía que la contenida en la suma de decenas de álbumes hechos por gente con edad para ser sus hijos. ¿Un trabajo menor?, ¿menor en relación a qué?
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STUART A. STAPLES ("Leaving Songs", 2006)
Hay gente que, como el viejo lobo de mar de la portada, siempre se está largando. El armazón más o menos conceptual de este segundo disco firmado por Staples en solitario son las despedidas. Amigos, lugares, parejas… presencias efímeras que, en algún punto se cruzan con el protagonista. Encuentros más o menos tangenciales que, por coherencia, tienen su correspondencia en lo musical con una voluntad no enfática.
Staples viaja ligero de equipaje. No necesita más de treintaisiete minutos para despachar el cancionero y todo, pudiendo ser desgarrador si aplicamos la lupa, se resuelve en una elegante distancia. Marcada por el contraste entre la abierta melancolía de los textos y el escaso y nunca forzado dramatismo de las resoluciones musicales. El señor Staples no va a convertirse, a estas alturas de su biografía, en un llorón ni en un trágico sobreactuado.
Parece tener una influencia cada vez más evidente de Leonard Cohen. Voz aguardentosa, puntito de cinismo, coros femeninos angelicales, densidad poética y, afortunadamente, más naturalidad que rupturismo forzado en la depuración del sonido Tindersticks. Le falta un punto de socarronería, probablemente algo más de nervio, y buscarle más las vueltas a canciones de las que a Staples no le convendría haberse despedido antes de que terminaran de cuajar como creaciones mayores. Pero el viejo lobo de mar y él son así: nada de volver sobre tierra pisada. Hay que cambiar de paisaje, con o sin despedida.
"Leaving Songs" funciona como una compañía grata, acariciante como las voces invitadas de Maria McKee y, sobre todo, Lhasa de Sela. Y, lo mejor, parece revestir a su autor con las cualidades del corredor de fondo y no con las del artista "adulto".
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WILLARD GRANT CONSPIRACY ("Let it Roll")
Robert Fisher lleva camino de convertirse, para los historiadores y fans del subgénero, en un reverenciadísimo santón del alt-country. Ayuda ese aspecto de Burl Ives contemporáneo, con su enorme panza y su barba poblada. Es el único miembro estable e imprescindible de una colectividad abierta a la contribución de músicos no mercenarios, que entran y salen en función de cómo sean en cada momento sus circunstancias personales y los compromisos adquiridos en otros proyectos.
Willard Grant Conspiracy pueden ser, dependiendo del momento, Fisher y su guitarra o una decena de almas conformando una orquesta densa y muy poderosa. "Let it Roll", aunque luego grabado en estudio, se concibió como el primer directo oficial de WGC. Y, la verdad, sólo falta que hubieran añadido algunos trucos de posproducción, a modo de platea interactiva, para que te inunde plenamente la sensación de captar el latido de la banda en una noche de concierto.
Ocho de las dos canciones superan los cinco minutos y, en cada tema, WGC buscan, con morosa intensidad, ese crescendo emocional sutil y progresivo, esas maniobras envolventes propias del directo. Aunque en una concepción del directo sin concesiones al efectismo, que recuerda en muchos momentos al cada vez más depurado Nick Cave de estos últimos años.
Fisher, estupendo compositor, tira de agenda y, a su alrededor, se agrupan músicos que, aparte competencia (mucha), demuestran complicidad. Cantando te recuerda a Cave y, más obviamente, a Kurt Wagner (Lambchop). Con tales referentes, se comprenderá que el mundo de este personaje no haga concesiones ni endulce su discurso con más adornos de floricultura que los de la portada. Tampoco se adentra en misticismos ni iluminaciones a lo Woven Hand. Su reino y sus preocupaciones son de este mundo.
La compacta banda, compuesta por gente perfectamente capaz de deslumbrar a golpe de virtuosismo, huye como de la pestes de anticuados solos de lucimiento y del menor efectismo. La belleza fluye, recatada y honesta, en los largos desarrolos de cada tema. Plenos de detalles (a cargo de violines, violas, piano, guitarra, mandolina… y hasta una puntual trompeta insurgente), pero sin cometer por un momento en robarle protagonismo a la esencia de la canción: integrándose en esa esencia.
Auxiliado por Steve Wynn en algunos de los textos y con el único complemento de una versión apasionada de Dylan ("Ballad of a Thin Man"), Fisher camina, con su paso corto y tozudo de hombre gordo, por la senda de los songwriters que hacen época.
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SPANK ROCK ("YoYoYoYoYo", 2006)
En caso de catástrofe nuclear en las alcantarillas del hip-hop, he aquí a la pareja de ratas con más posibilidades de hacerse con el honor de últimos supervivientes. Sobre todo por la inmensa capacidad para el reciclaje del productor y supercerebro del invento, Alex Epton (alias XXXChange). Epton aprovecha todo lo que baja por las cañerías de subgéneros marginales o semiolvidados, a un lado y a otro del Atlántico, y hace auténticos prodigios con las bases. Su sonido es puro alambre y electricidad: nervioso, delgado, maleable, ágil.
El complemento, en forma de garganta lasciva y rimas desvergonzadas es su paisano de Baltimore, Naeem Juwan. Se conocen como parte de la escena underground neoyorquina: Juwan escribiendo sin parar sobre su monotemático asunto de inspiración (el sexo) y Epton exhibiendo ya vocación experimental y curriculum académico que incluye el paso por elitistas centros de formación musical. Juntos, dinamita. Que explota en Inglaterra, al amparo del subsello Big Dada, esa división de Ninja Tune volcada con el hip-hop marciano.
Machismo de trazo grueso ("Put That Pussy on Me" se llamaba su single de debut) en el apartado "lírico" y una excitante hibridez sonora que, como decía, bebe igual de la vieja escuela ochentera pre-gangsta que regurgita el grime inglés y hace arquitectura virtual con cascotes acarreados desde solares colonizados por pandillas irreconciliables entre sí. Habrá que seguir la pista de los señores Juwan y, sobre todo, Epton. Llegan con la escoba. Y con cañonazos tan certeros como "Chilly Will" o "Bump".
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@Khurcius:39asqmlq:
SCOTT WALKER ("The Drift", 2006)
este lo ponían en el Auditori en el PS2006 antes de algunos conciertos y la verdad, es un discazo
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THOM YORKE ("The Eraser")
Thom Yorke sigue teniendo miedo. Espero que no sólo a incumplir las expectativas que fans y críticos adeptos tienen hacia cualquier cosa que pueda emprender la cabeza visible del supergrupo de culto de los últimos diez años.
Liberado del peso de la etiqueta Radiohead y de las exigencias contractuales de EMI, Yorke parece tener las ideas más claras que en el, por momentos, plúmbeo "Hail to the Thief". Pero no aparece, por ninguna parte, una voluntad rupturista: aquí esta Nigel Godrich para modelar un proyecto que, si por algo sorprende, es por emplear frías (en apariencia) texturas electrónicas para amagar con el regreso de Yorke a una cierta intensidad melodramática. Ciertamente atenuada respecto a las dosis que nos hicieron adorar "O.K. Computer". "Analyse" es una canción que busca con descaro (y encuentra) el desborde emotivo que parece anatema para la banda desde "Kid A".
Si uno es capaz de abstraerse del incienso de los fans y del ácido sulfúrico que puedan verter los detractores, el disco acaba por sobreponerse al lastre de tanta consideración extrínseca sobre su dimensión, casi con el mísmo brío con que remonta la corriente del aburrimiento "Harrowdown Hill" (con su obsesivo bajo funkie) hasta la brillantez.
Yorke ha concebido "The Eraser" como un diario abstracto de sus preocupaciones cívicas, o más bien medioambientales. Él y Godrich se abrazan a un concepto más musculoso que lángido de lo que debía ser el tratamiento electrónico. Así que el colchon resulta que tiene muelles, que funcionan, que por momentos tienen vigor de tormenta y nervio de rock.
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BAND OF HORSES ("Everything All the Time", 2006)
Sub Pop ya tiene su caballo ganador para la temporada otoño-invierno de 2006. Probablemente no para constituirse en fenómeno de ventas (la banda no parece, en verdad, carne de MTV), pero sí para recibir los mimos de una buena parte de esa crítica especializada que necesita desesperadamente mover el escalafón del rock cada pocas semanas.
Oriundos de Arizona y recriados en Seattle, Ben Bridwell y Matt Brooke se las arreglan, en su debut, para casi monopolizar el trabajo instrumental (a excepción de la percusión). Una arquitectura cuyo elemento más definido es el entramado guitarrero, más denso que duro. Pero, ¡oh paradoja!, cuando esporádicamente se desvanece esa seña de identidad y el sonido abre la puerta a un airecillo country y a melodías pop de gran primor, ese es exactamente el momento en que la manada de caballos galopa de verdad.
No topan con la originalidad porque tampoco ponen demasiado empeño en distinguirse. ¿Otra banda Frankenstein? Por ahí les encuentran cosas tomadas en préstamo de My Morning Jacket, de The Shins, de santones como Neil Young o Brian Wilson. Para remate, el trabajo vocal de Bridwell se ubica en algún lugar a medio camino entre Wayne Coyne (Flaming Lips) y Roger Hodgson (Supertramp).
Insisto en que prometen más en su onda apacible que tratando de plasmar la intensidad de un amable desasosiego existencial sin Prozac. Canciones como "St. Augustine" y, sobre todas, "Part One" bastan para disuadir al más escéptico: sobresalen claramente de la montonera de bandas coetáneas. Ahora bien, el segundo disco debería tener rasgos de personalidad propia más definidos, de manera que, en unos añitos, podamos decir que tal o cual combo de imberbes tiene una clara filiación "bandofjorsiana".
Este álbum cuenta además con un raro mérito entre los editados recientemente: ¡noticia!, no hay contribución de Antony.
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30segundossobreTokyo, tu cronica estaba muy agradable a leer, voy a escuchar este disco.
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@Maurici:jqx5p3wd:
Me acaba de llegar Mono & World0s End Girlfrend - Palmelss Prayer/Mass Muder Refrain.
Edita Temprary Residence Ltd. y como ya va siendo habitual la experimentación y la experiencia está servida.
has escuchado al split mono/pelican? porque esta muy bonito tb.
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MY LATEST NOVEL ("Wolves", 2006)
Apunten en su agenda un señor debut de matrícula británica. No habrá en este año muchos más que, como "Wolves", den tanta sensación de haber llegado para permanecer. Ocurra lo que ocurra a efectos comerciales (por ahí fuera; aquí ya sabemos que rien de rien), este disco no lleva tatuada la fecha de caducidad sencillamente porque, recogiendo influencias evidentes, no huele a receta de tendencias obligatorias.
La crítica se ha puesto francamente pesada empeñándose en considerarlos como la réplica escocesa a Arcade Fire, tal vez por la épica oscura de muchos momentos. También tienen el ramalazo literario de Decemberists, una cirta desolación post-rock muy Low, una vena tardohippie a lo Devendra (aunque menos buenrollista y payasa)… Por buscar parentescos hasta nos podemos aferrar ("Hope Edition") al silbido Andrew Bird que da tanto calorcillo a cualquier melodía de ley. Y, por supuesto, siendo de Glasgow, no faltará quien los vea cobijados a la sombra totémica de Belle and Sebastian o Mogwai. Sin que una cosa resulte incompatible con la otra, que así de impredecibles prometen ser los chicos de este quinteto. Añade también al muy sabroso gazpacho unos coros que amenazan con ser algún día tan imponentes como los de TV on the Radio. Para que todo tome en el futuro un camino y una forma más definidos tal vez sea necesario que emerja ese líder que ahora permanece tapado y bien tapado.
Pero la conexión que se me hace más clara entre My Latest Novel y una estrella consolidada pueda establecerse con un personaje al que han teloneado y evidentemente admiran: Sufjan Stevens. A él se homologan, sobre todo, en la pastoral e imponente "Learning Lego".
En este disco gusta hasta su inmadurez, la sensación de que My Latest Novel van a ser mejores (hasta mucho mejores) en el futuro, pero nunca ya tan frescos y sinceros como se muestran aquí. El exigente sello Bella Union ha dado con un diamante no precisamente en bruto.
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No se si llego tarde o pronto, si ya se ha dicho o no, pero aquí:
http://www.metacritic.com/music/upcomingreleases.shtml
encontrareis la fecha de publicación de próximas novedades.
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@Valderrama's:
No se si llego tarde o pronto, si ya se ha dicho o no, pero aquí:
http://www.metacritic.com/music/upcomingreleases.shtml
encontrareis la fecha de publicación de próximas novedades.
Arcade Fire [Title TBA] Feb/Mar 2007
Architecture In Helsinki [Title TBA] Early 2007obligatoria su presencia para el PS2007
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Se avecinan discos muy interesantes. Y de los que salen en el 2007 espero que traigan al PS unos cuantos.
Y he visto que mañana sale el de Paris Hilton…

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MIDLAKE ("The Trials of Van Occupanther", 2006)
Si has tenido o aún conservas un corazón punk, he aquí uno de esos discos que siempre has amado odiar. Midlake suenan, huelen y saben, con descaro, a los setenta. A unos ciertos setenta: los protagonizados por Toto, Eagles, Boston, Foreigner, Fleetwood Mac, Hall & Oates, America… Nombres cuya sola mención provocaba el vómito pavloviano del crío iconoclasta que tal vez fuiste. Ése que no podía sufrir los sonidos encelofanados y el azúcar a discreción de los discos que, en aquel entonces, solían aparecer en el mercado nacional, además de con retraso, con una provocativa fajita: "nº1 en USA".
"The Trials of Van Occupanther" es, conceptualmente, hermano menor y heredero directo de buena parte de esos proyectos triunfantes. Como novedad aporta el evidente paso de Radiohead por la memoria sentimental de la banda y cultiva referencias a psicodelia de ayer (Moody Blues) y hoy (Flaming Lips).
No parece en absoluto una broma posmoderna (a estos chicos de Texas se les intuye seriotes y comprometidos hasta las cachas con su onda). Onda que no es otra que la de un sonido impecable, tan bruñido y profesional como quepa esperar, por ejemplo, de músicos de sesión curtidos en múltiples batallas. El gancho para la seducción que utiliza Midlake es la épica de sus melodías, coros y arreglos, que aspiran a la pluscuamperfección. Midlake son efectivos en la medida en que no te pillen de vuelta de según qué cosas. Me parece tan comprensible la emoción que puede embargar a unos como el bostezo incontenible de otros. Sí sorprende más que la reivindicación de un disco con todos los ingredientes para ser (al menos en otra época) un aparatoso hito comercial esté surgiendo más de los circuitos indie que en los aledaños del mainstream (un suspiro y una maldición para ratificar a qué extremos de abyección pueden haber caído las radiofórmulas para ignorar un disco así).
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